sábado, 11 de febrero de 2012

Apuntes sobre propiedad

Los problemas del modelo de propiedad adoptado por el Perú no tienen que ver solo con conflictos concretos a los que se debe dar una solución inmediata. El conflicto concreto – cualquiera de ellos – esconde en realidad una profunda incoherencia estructural, una de aquellas solo asible a nivel teórico, mediante sucesivas generalizaciones y abstracciones. El problema, en ese sentido, aparece desentrañando la noción misma de propiedad como dispositivo de un lenguaje dominante, por excelencia liberal e individualista. Obviamente, hay buenas razones para suponer que detrás de toda la objetividad económica sobre la necesidad de protección de los derechos de propiedad, se esconden una serie de implícitos – llamémosles peticiones de principio – respecto de la naturaleza humana en sí misma.

Desde esta perspectiva artificial – que argumentaré, no es necesariamente negativa - se esencializa la naturaleza humana desde un complejo “yo” individual (lleno de inclinaciones, represiones, pulsiones, racionalidad, deseos, etc.) hacia un modelo sobre simplificado de individuo atomista (el modelo del actor racional de la microeconomía) que no solo quiere vivir sólo y ser el individuo de los mil derechos, sino que anhela ello más que a nada en el mundo, elevando a la libertad liberal al nivel de un “vale la pena morir por ello”. Entonces el discurso sobre los derechos, consecuencia lógica de una noción amplia de “propiedad” adquiere – no podría ser de otra forma – una impronta liberal-atomista.

Ahora bien, esta enunciación requiere dos tipos de razonamientos para comprenderla a cabalidad: por un lado, una perspectiva lingüístico-antropológica sobre la construcción de la noción de verdad en sociedades como la peruana (es decir, el problema de la verdad política como derivado de la verdad o, al fin de cuentas, epistemología objetivista); y por otro lado, un examen crítico de lo que la Economía ha dicho respecto de la propiedad y los derechos de exclusión.

Este no es un lugar para llegar a las últimas implicancias del debate en ambos frentes, pero un trabajo que intenta llegar al fondo de los conflictos por propiedad y concesión en el Perú, tiene que, mínimamente, plantear el debate en estos términos.
Una última advertencia tal vez pueda resultar de utilidad, aunque pueda ser objetada de excesivamente foucaultiana (poder en todo sitio, estructurando todas las relaciones sociales, situado a cada paso de la vida cotidiana): El presente trabajo discutirá algunos de los más importantes trabajos de psicología conductual en economía, e incluso trabajos de carácter cuantitativo sobre los efectos de los derechos de exclusión en sociedades determinadas. Pero lo que se dirá al fin de cuentas, puede sonar a una especie de herramienta salvadora para una eventual evidencia desfavorable, y parte de una simple verdad: ¿Cuánta de la realidad de un fenómeno no está ya predeterminada por la estructura lingüística del debate, por los términos mismos en los que se discute? Esta pregunta encierra una complejidad difícilmente agotable en el estudio de un caso concreto pero dejamos claro que sigue la línea de argumentación del estructuralismo y posestructuralismo. Si el lenguaje predetermina las palabras y el espacio del debate sobre las titularidades, la propiedad, el discurso mismo de los derechos; ¿cómo podemos razonablemente esperar que la evidencia juegue a nuestro favor cuando analicemos los efectos nocivos de los derechos de propiedad? Si el discurso está articulado desde una perspectiva atomista-individualista resulta poco probable que lleguemos a entender nociones alternativas de propiedad más allá de con el calificativo de primitivas o irracionales (en el sentido de no pertenecientes a la racionalidad de nuestra propia estructura de lenguaje).

Si esta suposición es cierta no tendríamos una forma más precisa de comprender la frustración cultural de los grupos subalternos que con la lectura psicoanalítica del deseo (en especial la relectura lacaniana del mismo). Es decir, como la imposibilidad de articular un discurso lingüístico sobre un tema, porque precisamente no existen formas lingüísticas de hacerlo, el lenguaje que encorseta al sujeto, que solo es capaz de expresarse en los términos del gran Otro, y que al hacerlo deja una parte de su discurso silenciada, incapaz de expresarse porque no existe forma de decirlo.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Lecciones elementales para el debate político.


A mi entender, las opiniones divididas en sus versiones más radicales, sobre el proyecto Conga solo desnudan dos de los problemas más graves de la construcción de democracia en nuestro país. Por un lado, el Perú no termina de afianzar un claro modelo liberal respecto de sus instituciones. Si los derechos son el centro y presupuesto de cualquier discusión posterior y si somos herederos del iluminismo racionalista, deberíamos comenzar a ser coherentes de una buena vez: el liberalismo, en su formulación más ramplona implica el redimensionamiento del individuo dotado de derechos respecto del poder público, para mutilarlo o cercenarlo en sus pretensiones megalómanas (poder, maldito poder).

Pero por otro lado tememos arribar a la conclusión lógica del liberalismo porque seguimos creyendo que el dogmatismo estúpido de un grupo nos llevara al desastre (etnocentrismo, maldito etnocentrismo). Las ONGs maquiavélicas manejando los pensamientos de las estúpidas comunidades, sin atisbo alguno de raciocinio. Mientras los medios de comunicación siguen dividiendo estúpidamente a la opinión publica entre caviares y derechistas mercantilistas, perdemos de vista que lo que se requiere son soluciones coherentes y respetuosas de la diversidad cultural peruana.

Por un lado están los que idealizan a las comunidades indígenas, campesinas y a los movimientos de resistencia contra hegemónicos (básicamente anti mineros) desde una perspectiva comunitarista de pobre nivel argumentativo (ojo que mis argumentos no se dirigen contra el comunitarismo más sofisticado, el cual plantearía buenos argumentos para salir de la aporía). En este enfoque prima la intención por el inmovilismo de las comunidades por los siglos de los siglos (Amén). Tenemos entes condenados al anacronismo histórico y al folclor de la inmemorialidad. En su versión más peligrosa, esta forma de pensar avala un mayor nivel de etnocentrismo que el de la burda oposición mercantilista. La dualidad “Comunidades si, minería no” sustituye la decisión libre – baluarte liberal por excelencia – de las comunidades respecto de si quieren o no algún tipo de inversión, y de qué tipo quieren que sea.

Pero por otro lado tenemos un peligro igual, o más significativo por su claro talante autoritario: la derecha mercantilista. La misma parte del lema “inversión sí, sea como sea”. Para entrar en la psicología de esta manera de pensar tendríamos que remontarnos al concepto marxiano (no marxista) del extrañamiento. Del capital elevado a la potencia teológica que elimina cualquier forma de crítica contra hegemónica “porque destruyendo esa o esas lagunitas todos vamos a ganar mucha plata”.
Precisamente ambas formas de pensar que se predican liberales y defensoras de derechos, son los extremos de un debate que si fuera constructivo se llevaría a cabo lejos de ambos polos. En esa, por demás, utópica discusión tendríamos a los liberales libertarios hablando de un derecho irrestricto de las comunidades – y ni siquiera de ellas, entendidas como un cuerpo unitario, sino de cada uno de sus miembros (atomismo-individualista lo llamaría Sandel) – a decidir si se invierte o no en base a un derecho sobre las tierras que históricamente les han pertenecido (¡oh la historia y su uso por parte del poder!). Por otro lado tendríamos a quienes, desde una perspectiva más rawlsiana sostienen que es innegable que las comunidades, como todos nosotros tienen derechos, pero que es éticamente exigible algún nivel de sacrificio de cara a un bienestar agregado que no solo repercute en todos, sino también en quienes ceden libertad.

Este es el verdadero debate, el de la dicotomía entre mecanismos deliberativos con las comunidades, Estado y empresas para la inversión, y el que quita al Estado de la ecuación, dejando a las comunidades en la libertad de decidir si se invierte o no. Yo no encuentro en ninguna de estas posturas algún asomo de “caviarismo” o de fascismo pero en el debate público estas propuestas están invisibilizadas por una dicotomía por demás absurda y dañina para el respeto mutuo de quienes conviven en el Perú.

domingo, 6 de septiembre de 2009

La Maja y Madrid


Comienzo a dibujarla en mi mente. Se llama la Maja, diminutivo de Maruja, pero nadie le dice así porque prefieren la Maja, y lo prefiero yo, porque es parecido a la Maga, y la Maga es Cortázar, y yo quiero ser como él. Es española, de algún pueblo de Castilla La mancha. Una de sus descendientes ficticias, porque al fin y al cabo ella también lo es, es Dulcinea del Toboso y uno de los míos no fue el Quijote, eso lo sé.
La conocí, o la conoceré – da igual – en un intercambio a Madrid el día en el que por fin deje Lima y su insoportable cucufatería dominguera. Creo que allá – en el mundo – todos son mas escandalosamente libertinos que acá, sé que no es cierto, pero es mi imaginación y para mí lo es.
Ella es etérea y llena de gracia. No, eso me suena a una oración harto conocida de una religión harto repudiada. Es etérea y libre, de cabello liso y ni muy largo ni muy corto. Viste cómoda entre el look folk fashion y un glam ochentero perdido en la memoria colectiva de la avenida Larco. El día que la conozco llevo vestidos unos jeans viejos y cómodos de tela cruda (Creo que así se llama la tela de los jeans que me gustan, me lo dijo una vez mi hermana en Saga), un polo blanco y una chompa negra. Hace tanto frio que tirito y abrazo la bufanda a mi cuello de mil maneras distintas. Me duelen las manos.
Mi viejo me llama a cenar pero si lo hago olvidare a la Maja y ella es lo último que me queda. Decido no comer por hoy a pesar de los reproches de autismo de toda la familia y no los culpo. ¿En que estaba?, en la Maja.
Entro al salón el primer día de clases de mi intercambio de un año y curiosamente no la veo, no al inicio. Veo a dos valencianos que reconozco por el acento (creo que cuando llegue reconoceré a las personas por el mismo), a algunas chicas bullangueras que me miran con desdén, no saben que ni siquiera recuerdo sus caras, solo son parte de un paisaje pictórico en el que solo importa la Maja. Todo es como un cuadro de Renoir, busco a la chica que estando dentro de el, en realidad no lo está. Pienso, esto suena cursi, y Vargas Llosa lo criticara de manera implacable si algún día lo lee. ¡Al diablo Vargas Llosa, al diablo los críticos!
La Maja piensa como yo. Estudia artes escénicas y eso la hace aun más inalcanzable. Grita, llora, ríe, canta y grita otra vez con más potencia e intensidad que los demás. Creo que nunca seré como ella, a pesar de que me lleva a orillas del Sena a gritar a todo pulmón tres meses después de conocerla, en un viaje improvisado a Paris dos días antes de su cumpleaños. Me siento a su lado mientras mi profesor de Reales dice algo sobre el artículo que no recuerdo del código civil, me pregunta si estoy de acuerdo y yo asiento. Me sonríe, sabe que no estaba atento pero que respondí de la manera que él quería, eso se llama suerte, la Maja me sonríe.
La clase en la que nos conocimos era de historia del arte, hoy tocaba estudiar los movimientos de Vanguardia del siglo XX, sin siquiera haber tocado el renacimiento o el arte clásico. La Maja me pregunta cómo es que se tanto de Warhol y saco de mi mochila un CD de Velvet Underground. Se ríe porque los CDs, aun en la intemporalidad de mi fantasía, son anacrónicos. Lo siento Maja, los Ipod no me gustan tanto como el cachivache que representa tener al disco en físico y ver su portada, su interior y el arte del mismo.
No recuerdo bien su voz. Debe ser porque cuando la quería imaginar, una custer de la 29 pasó por la avenida con más bulla que la de mi experimento mental. La Maja, cada vez que hablaba, era suprimida por ese sonido insoportable y yo debía subtitular lo que me decía para darle coherencia a la historia. Volvamos a Paris.
Es un día nublado y el color del cielo no es muy distinto al de Lima. Solía pensar que en Paris había más días soleados en el año, y que incluso cuando estaba nublado, las nubes eran pasajeras. O llovía demasiado pronto, y se despejaba en un instante. Nada más lejano de la realidad. Wikipedia y la guía turística que a punta de hojeadas recurrentes he deshojado, me dicen lo contrario. El cielo parisino es el alter ego del de una capital horrorosa en medio de Sudamérica. Y eso me recuerda que la Maja piensa venir algún día al Perú, quiere visitar Puno y a mis viejos y hermanos. Quiere comer ceviche y perderse en la espesura de la selva que circunda Macchu Picchu. Le digo que esas tierras ya nos son tan virginales e inexploradas como ella cree, pero no la culpo, yo creo lo mismo del Tíbet y por eso pienso peregrinar por el algún día. Comemos Quelquechose en el café de Flore donde según la Maja se reunían Camus y Sartre. Lo olvidaba, la Maja adora El mito de Sísifo tanto como yo La insoportable levedad del ser, pero Kundera nunca vivió en Paris así que debía reservar mi visita hasta el día en el que llegáramos a Praga.
Recuerdo muy poco de las clases de esos doce meses que pase en Madrid. De hecho, mientras construyo más ideas sobre mi estadía, olvido mas el rostro de la Maja, y un miedo inexplicable enfría mi cuerpo. Además de ello, una alerta de inmediatez nubla mis fantasías y recuerdo que mañana tendré un control de lectura de un tema laboral relacionado a la Revolución industrial. La Maja me mira divertida, me pregunta cómo es que puedo desdoblarme de esa manera, estudiando temas que no me interesan y abrazándola en el frio mientras conversamos de fotografía. Cuando le voy a responder algo pasa y me quedo dormido y cuando despierto no se mas de ella. Me ha dejado sin ningún remordimiento y no la culpo, no le pedí que me recordara. En el escritorio veo una nota y me abalanzo sobre ella. La misma dice “hijo, no te olvides de pagar la boleta de la universidad, creo que se vence mañana”.

sábado, 23 de mayo de 2009

“Katmandú, pronto estaré viéndote y tu extraño perplejo tiempo me mantendrá vivo”
Cat Stevens.

jueves, 21 de mayo de 2009

una anciana, un raton y el septimo sello.

A pesar del titulo pretencioso de la entrada,la misma solo quiere ser un homenaje a la abuela de los bloggers, de esa extraña comunidad sin mucho en comun a la que se supone que pertenecemos. Asi es, tanto Marco Sifuentes como Renato Cisneros, yo y Gonzalo Gamio, todos estamos vestidos de negro hoy, a muerto nada menos que la celebridad mas añeja de la blogosfera,una mujer que supo cambiar el cincel por las teclas de la maquina de escribir,y a esas ruidosas teclas por las imperceptibles y delicadas teclas de una laptop de ultima generacion. Su nombre era Maria Amelia, era una simṕatica española y comenzo a escribir a los 95, si,nunca es tarde para comenzar a llenar el ciberespacio de fragmentos,pensamientos e ideas. Cuando le preguntaron como comenzo a escribir,ella dijo que fue porque en su cumpleaños,su tacaño nieto le regalo un blog.Yo digo,si, que tacaño. Si a mi abuela yo le regalaba eso,me deseredaba aunque no tenga donde caerse muerta la pobre anciana. Pero Maria Amelia no,ella entendio el mensaje,no le ragalaban un blog,le regalaban libertad. Libertad para ser libre ella y para hacer libres a otros ancianos que la leian para encontrar una experiencia similiar a su divorcio generacional con las computadoras,el surf de la red y demas huachafadas que inventamos los de mi generacion para darle importancia al ocio de youtube y facebook. Ella comprendio que lo que le daba su nieto era el mundo sin ser nada. Era la posibilidad infinita de contactar con otros como ella,de sonreir al recordar experiencias comunes,cosas bonitas como el fin de Franco y feas como la guerra civil.Seguro la leia gente que no vivio lo que ella vivio,pero el blog estaba dirigido a quienes al leerla evocaran esos tiempos,esas vivencias comunes y exhalaran una bocanada de aire entre satisfecho por una vida casi completa y melancolico porque se necesitaria una mas para entender esto del internet.Esto del raton con botoncitos y las teles que cambian de canales segun apretemos esos botoncitos
Mi mas sincero homenaje Maria Amelia,y ya que perdio la partida de ajedrez con la huesuda sombra de toda nuestra vida, recuerde, donde quiera que este y si esque esta,que siempre tendra una revancha.

miércoles, 15 de abril de 2009

Manifiesto de un pretendido movimiento irracionalista blogger

A todos los que blogean, porque blogear es escribir en tu cuaderno tambien, es entrar a un baño y poner "caga cantando para que el mojon salga bailando", porque blogear es ahora escribir, asi como comprar es kotear:
1. dejen esa mania de escribir sobre cuestiones serias. Martin Tanaka lo hace y no lo leen mas que un par de personas, nisiquiera su mama. puede que este diciendo cosas serias pero no interesa porque en este mundo, ttodos, yo tambien, preferiremos leer a Renato Cisneros o ver videos en youtube.
2. dejen los formalismos, porque se cita en el blog??, si es el terreno de la anarquia, los blogers irracionalistas copiamos fotos, archivos, videos de otros. No contrastamos informacion porque tampoco la damos. Siempre se da una opinion, y no importa si en el Utero de marita creen lo contrario.
3. los blogers irracionalistas aborrecemos a izquierdistas y derechistas de la red. Somos subjetivos, provocadores, puede que nos importe un carajo lo que pasa en el mundo, pero nos nace, irracionalmente, apagar las luces el dia de la tierra, mientras quienes proclamas su compromiso con el mundo cargan sus celulares en vuelos de miles de kilometros que gastan gasolina, tiempo y hacen al mundo mas pobre.
4. Los irracionalistas somos como los dadaistas de la red. Creemos que el blog es nada, no importa. Queremos cambiar el mundo con nada. Porque Bush no dejo de esr imbecil poruqe escribiamos contra el, porque cambiamos el mundo y ahora el presidente de los gringos es Obama, y eso es mejor.
5. Los irracionalistas combinamos todo en el blog. Desde cuentos, historias, relatos, cronicas, novelas, que nadie nunca leera, como este manifiesto, pero que constituyen un universo extraño, el de quienes necesitamos exponernos poruqe nos jode quedarnos solo con nosotros, uno solo.
6. Entonces creamos alter egos y decimos "que imbecil el que escribe en ese blog" o " ese weon escribe de puta madre", y al final somos nosotros, y somos blogers.
7. Los irracionalistas cagamos al lenguaje. Lo utilizamos en demasia, y de tanto utilizarlo lo destruimos y construimos uno propio. Puede que escribamos en chino o con latinazgos inexistentes, como la falacia ad tongo.
8. Creamos categorias inexistentes, para los blogers existen efectos bola de nieve que nos introducen a nuevos marcos teoricos inconcebibles para los libros y formalismos.

Estamos ahi, en medio de todos, escondidos o escandalosos, nos importa un carajo que nos lean o no, y les importara un carajo lo que escribo...

lunes, 13 de abril de 2009

El dia que unas palomas derrocaron a un presidente.


Ya lo decía el viejo adagio de una vieja cultura de la cual se perdió el nombre, mas nunca la enseñanza: "nunca subestimes el poder de una paloma". Aquel día el calor era especialmente intenso. Un sol rojo judía a los pocos transeúntes que paseaban cansinos por las calles en un viernes santo mas tortuoso que de costumbre. La habitual curiosidad de los turistas se había ido al carajo, como la democracia de este pequeño país escondido entre las tierras de la gran riqueza y los limites del mundo, en los que debían vivir enormes monstruos de siete cabezas, siete colas y siete pitos (consecuencia lógica de un azar infortunado). En resumen era un mal día, y las palomas lo sentían también así. Yo las veía desde mi cómoda posición, sentado en un cafecito con olor a pichi a media cuadra de la plazoleta que hacia las veces de orgullo nacional para este golpeado y vapuleado lugar nebuloso. Ninguna sonrisa, uno que otro llanto de un niño regordete que quería un helado porque el azúcar de su cuerpo se consumía demasiado rápido para lo que su adiposidad requería. Unos son felices siendo gordos, y se quieren quedar así pensé. Lo demás...estupor y molestia silenciosa, un calvario llevado por cada uno con una estoica cara de "estoy feliz y deja de mirarme carajo".

Los guardias que custodiaban el palacio de gobierno seguro pensarían en lo absurdo de usar una chaqueta roja y pesada en pleno verano. Pero a ellos no se les permitía ni el ademán que genera lo absurdo en la cara, no se les permitía ademanes, no se les permitía pensar. Un mayor que obedecía a su vez a otro mayor que tenia otro nombre pero que igual mandaba sobre el mayor, y ad infinitum hasta volver al monstruo mítico de las siete cabezas, el que debía de mandar, se suponía, a este lugar y los demás lugares, esos que eran lejanos, esos que los de chaqueta roja en verano no conocían. Y por eso, cualquier oposición o crítica era insostenible, porque iba dirigida contra algo pero no alguien, contra mucho pero a la vez nada. A joderse y a aguantar que el calor pasara, y a 3600 msnm en algún momento el calor cede en su empecinamiento, y los habitantes celebran con sonrisas las primeras brisas de una tarde añorada como nunca, un crepúsculo placentero.

La cuestión con las palomas no se presentaba tan prometedora. Días, semanas y meses se sucedían sin que se pudieran dar un buen festín. Huelgas, paros, nuevamente huelgas y una que otra bomba lacrimógena hicieron de ese paraíso de migas de pan seco y agua salida de la piletita de la plaza, un infierno de palos, piedras, gritos y política, la peor de la especies de lo detestable. Sus cuerpos famélicos se cansaban de clamar piedad en silencio, caminando alrededor de los manifestantes para que estos aplaquen sus furias ideológicas, y entonces una volatilidad inusitada las poseyó en aquella mañana de mierda. Yo las veía desde el cafecito de la plaza con un miedo insipiente ante su posible insurrección. Razones no faltaban. Una brisa se llevo la urea del olor a pichi y me dejo lo que debía ser el olor del agua, o talvez de mis axilas sin desodorante porque me olvide de comprar uno. Total que importaba, yo era un turista en esta ciudad y cualquiera que soportara el olor de mis efluvios corporales lo haría solo por hoy, pues mañana no seria mas que un molesto recuerdo, el del idiota que se atrevió a venir a la ciudad escondida, a la plazoleta imponente, al cafecito orinado, sin desodorante.

Eran las 10.50 de la mañana cuando arranco la insurrección. La guía, una paloma de pico filudo pero rajado en alguna pelea por la supremacía de la bandada, camino hacia uno de los guardias haciendo un extraño gesto con la cabeza. A veces los hombres somos tan estupidos que no comprendemos las señales inequívocas del peligro eminente. El guardia la ignoro, grave error. Yo debí bajar corriendo las escaleras del cafecito, cruzar frente a la pileta y advertirle al guardia que las palomas no estaban jugando, que algo tramaban y que le daban la posibilidad de evitar el enfrentamiento directo. Pero el cansancio de nada me venció, el aburrimiento del tipo del que un filósofo dijo que puede causar las elucubraciones más trascendentales en los espíritus elevados, causo en mí el aplastamiento mas descarado. Era un cuerpo inerte 10 veces mas pesado de lo normal, sentado en una sillita mediocre. Debí haber bajado, pero la historia no se hace de debis sino de hices. No baje, no advertí, no sude y entonces la revolución se desato. Las palomas emprendieron vuelo, raudas y furiosas en círculos alrededor de la placita, asustando a los turistas y de paso jodiendo las fotos que les mandarían a sus familiares en esos países bonitos pero aburridos, en los que los cafecitos no olían a pichi ni las palomas se rebelaban. Yo cogi mi lapicero y escribí alguna grafía, ahora ininteligible, que me recordaba rememorar el día en el que vi que la conciencia de clase llegaba a los animales. Pero entonces, al recordar la barba abundante de Marx, la imagen de papa Noel me obnubilo y mi revolucionario se torno un burguesito de diez años esperando su regalo cada 25 de diciembre.

Las palomas emitían sonidos míticos salidos no de sus pequeños estómagos sino del aire. El también se rebelaba, al igual que las sillas, que las piletas y que los fusiles de los guardias. Estaban hartos de tanto calor, de tanto absurdo, de tanta huelga y de tanta bomba lacrimógena. Los ojos de todos parecían saltar con cada nuevo grito de guerra. Querían revelarse y decir "carajo deja de hacerme llorar con cada bomba que lanzas, y que solo me afecta a mí, ojo que llora".

El presidentito, un tipo pequeño y regordete, se sobresalto ante tanto alboroto fuera, pensó que talvez la oposición venia a derrocarlo, pero lo cierto es que la historia le guardaba un destino mas digno. No seria el cuchucientavo presidente en ser revocado por un golpe en ese país, sino el primer (y único) mandatario en ser revocado por la furia informe de un todo hastiado. Las palomas dirigían esa rebelión colectiva, e incluso su teléfono celular confabulaba contra él pues cuando quiso hacer una llamada al servicio de control animales, la línea se interfirió por algunos segundos, frustrando la llamada. ¿Que?¿un grupo de pajaritos estupidos le harían la vida imposible a este presidentaso?¡De ninguna manera! Y salio casi corriendo de su despacho hacia la puerta. Debí advertirle, decirle que las palomas se lo comerían vivo, pero un extraño morbo, mezcla de ganas de verlo descuartizado por cientos de espíritus santos y aburrimiento porque esa mañana era viernes santo, y Ben Hur ya lo había visto como 200 veces, me detuvieron. Me acomode en la silla, el café supo mas delicioso que nunca y su aroma me transportaba a lugares insospechados, a bosques de ébanos y brisas marinas ni frías ni calientes. Tenia que pasar, era su destino, y era el mío estar ahí.